sábado, 25 de mayo de 2013

Curiosidades de aquí y de allá (primera parte)


Hace años unos familiares me preguntaron mi opinión sobre la posibilidad de dejar ellos Uruguay y venirse a vivir a México. Se trataba de buscar nuevos horizontes cuando Uruguay vivía una de las peores crisis económicas que tozuda y cuidadosamente gobiernos colorados y blancos se encargaron de instaurar. En aquella oportunidad les dije a mis familiares que evaluaran muy bien la posibilidad de emigrar porque les iba a ser muy doloroso desarraigarse de un país y echar raíces en otro; que el precio a pagar por dejar país, familia, amistades, costumbres, tradiciones y demás iba a ser muy alto.

Recuerdo que les dije que cuando uno abandona su país por un largo período, sin importar las razones (políticas, económicas, traslados laborales, etc.), algo pasaba en la cabeza que nunca más se encontraría sosiego ni aquí ni allá. Así lo viví yo cuando salí de Uruguay por motivos políticos (huyendo de la dictadura militar) y en México encontré el generoso asilo.

Es importante señalar que lo vivido por mí no necesariamente fue igual para todos los exiliados, porque cada uno vivió situaciones distintas según las edades, las profesiones, las experiencias y muchos factores más. Sin embargo podrían hacerse algunas generalizaciones: vivimos los casi 10 años de exilio en México extrañando desesperadamente e idealizando absurdamente a Uruguay. Me atrevo a decir que muchas veces no aprovechamos plenamente nuestra estadía en México para conocer más profundamente su riquísima cultura, sus tradiciones maravillosas, su geografía irrepetible, su gastronomía interminable y tantas cosas más por estar con nuestra cabeza mirando al sur.

Varios de nosotros regresamos a Uruguay en 1985 y las vicisitudes vividas en aquel país sudamericano post dictadura no fueron nada fáciles. Muchas cosas se habían trastocado en el país, en nuestras familias, en los amigos, que siguieron viviendo sin nosotros. Pero también se habían trastocado nuestras cabezas que ilusoriamente pretendían “subirse” al país en el mismo lugar e instante que lo habíamos dejado. La vida no esperó por nosotros…
Y luego, en Uruguay, extrañábamos México: su generosidad, todo lo que nos había dado –tanto en el plano espiritual como material–, la alegría de vivir que tiene el mexicano, sus cielos casi permanentemente soleados, sus sabores y olores.

El regreso a México en 1990 nos dio una nueva oportunidad de vivir plenamente y aprovechar todo lo que este maravilloso país ofrece a sus habitantes. Pero, amigo lector, no crea que es posible cortar de tajo el vínculo con el paisito. No señor. Siempre pasan por nuestra cabeza los recuerdos gratos de Uruguay… A veces, créame, parece que la vida nos castigó con añoranzas y nostalgias pendulares que jamás terminarán. ¿Será por ello que los griegos consideraban al exilio como el peor de los castigos? Algo de eso hay, porque “el exilio provoca una ruptura con un mundo de referencia y de signos, como la cultura y la lengua. Este quiebre en muchos casos es traumático porque se corta con el curso vital de la existencia. Esta situación nueva provoca un trauma en las personas y secuelas que perdurarán para toda la vida.” (http://orvex.org.p11.hostingprod.com/exilio.html)

Pero no hay que pasar por alto que esa ruptura produce una oportunidad fantástica de enriquecerse de la dualidad de destinos, de acrecentar nuestro bagaje cultural con lo que se deja y con lo que se adopta. Así que no dramaticemos y permítanme compartir algunas curiosidades de aquí y de allá.

Los insectos: manjares gastronómicos en México.
Entre los más de 190 insectos comestibles en México me referiré a 4 que son muy particulares y que a los lectores uruguayos les llamará la atención. En el estado de Oaxaca son muy abundantes los chapulines (pequeños saltamontes o langostas) que se fríen con chile y jugo de limón y que ya secos se ponen en una tortilla de maíz (cualquier alimento que pongamos en una tortilla ya se tiene un taco) y se agrega una cucharada de salsa picante. Mhmm… ¡a disfrutar un sabor muy agradable! Por cierto estos chapulines fritos y secos se venden por todo México y se pueden comer directamente sin hacerse un taco a la hora de tomar algún aperitivo (mezcal, tequila o cualquier otro licor). O sea ¡chapulines para picar…!
Chapulines

Otro insecto muy común en México es el gusano de maguey, una larva blanca y regordeta de unos 4 cm de largo de una mariposa que abunda en los valles centrales del país. Estas larvas se fríen hasta dorarse y se colocan en una tortilla con sal y alguna salsa picante y ¡listo!, otra comida sana y sabrosa.
Gusanos de maguey

El siguiente insecto quizá no sea del agrado de todo el mundo porque su olor –para muchos– no es muy agradable. Se trata de los jumiles, simples chinches que abundan en toda América Latina y que tiene como medio de defensa su característico olor repulsivo para las aves y los reptiles comedores de insectos. Recuerdo muy bien cuando una chica del sur del Estado de México llegaba a mi casa con una bolsita de nylon llena de chinches de monte vivas para que no se echaran a perder. Tomaba cuatro o cinco y las echaba a la sartén con aceite hirviendo, se oían un par de chasquidos y ya estaban listos. Luego ponía en una licuadora tomate verde (una variedad mexicana que no se come cruda y que al madurar no enrojece), cebolla, chile y un poco de agua. Licuaba y cocía esta mezcla y le agregaba los jumiles molidos. La salsa verde se llenaba de puntitos negros de las chinches molidas y –créase o no– quedaba muy rica para acompañar cualquier taco o quesadilla.
Jumiles antes de freírlos.

Ahora hablemos del caviar azteca: los escamoles. La variedad de platillos en México es inacabable y podríamos escribir páginas y páginas sobre todo lo que ofrece la cocina mexicana que en realidad es una suma de las cocinas poblana (del estado de Puebla), de la oaxaqueña (estado de Oaxaca), de la yucateca (estado de Yucatán) y de la michoacana (estado de Michoacán), además de varios platillos regionales. Pero los escamoles (huevecillos de unas hormigas del estado de Hidalgo), que se preparan friéndolos en mantequilla con un poco de chile, son una exquisitez sin parangón. Tiene su sabor y textura un refinamiento tal que se han ganado merecidamente llamarse el caviar mexicano. Precisamente en estos días que comienza la temporada de lluvia se realiza la recolección de estos huevecillos blancos antes de que las hormigas crezcan en su interior.

Escamoles frescos


Escamoles a la mantequilla








                           





El zapallo y el boniato
Para los lectores mexicanos comencemos por decir que zapallo es una denominación de origen quechua (lengua que hablaban los Incas y hoy muchos indígenas andinos) para lo que en México conocemos como calabaza. Efectivamente ese fruto bastante grande, hueco por dentro que nace de una planta rastrera a partir de una flor amarilla que aquí se come en tacos o sopa, en Uruguay es parte sustancial de pucheros (cocidos), guisos, sopas, etc. y forma parte de las primeras comidas de los bebés en forma de puré junto a las papas. Es decir, se usa fundamentalmente para las comidas saladas pese a su sabor dulce. Claro que también se prepara este fruto americano con azúcar en trozos en almíbar, en mermelada pero mucho más formando parte de guisados hechos con sal.
Puchero con boniato

En México, el zapallo se come exclusivamente en dulce (con un almíbar espeso) en la época de las festividades del Día de Muertos, anticipándose un poco a las fechas cercanas a la ya famosa Noche de Brujas.
Zapallo en almíbar

Un tubérculo muy conocido en México es el boniato, claro que aquí no se le llama así, sino camote y forma parte activa de los albures, esas expresiones tan mexicanas con doble sentido. En Uruguay el boniato es usado de forma similar al zapallo y también son parte de los primeros purés infantiles junto a la papa. Por cierto cuando se hace asado de tira al horno, infaltablemente se le agregan papas y boniatos cortados en trozos regulares que acompañan muy bien a la carne. Resta decir que hay una variedad de boniato que es blanco y en Uruguay se le llama batata y con él se hace ate (dulce) muy similar al de membrillo pero que resulta mucho más suave y delicado.
Asado al horno con papas y boniatos

Bueno, escribir y leer sobre estos temas culinarios despierta el apetito así que mejor dejo hoy por acá y usted y yo nos preparamos algo de comer; pero prometo seguir con las curiosidades de aquí y de allá en una segunda nota.

viernes, 10 de mayo de 2013

Hoy es el Día de las Madres en México


¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre.
No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica.
La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad,
como la Llorona o la "sufrida madre mexicana" que festejamos el diez de mayo. (Octavio Paz)

No creo que haya una palabra más importante en México que la palabra madre. Ninguna. Porque es utilizada para decir tantas cosas tan contradictorias, distintas, paradójicas y cargadas de significación que va mucho más allá de lo que cualquiera (que no sea mexicano) pueda pensar. Hoy 10 de Mayo es el Día de las Madres en México y se celebra a toda madre, es decir a todo mecate, bueno… en grande.

En esta sociedad machista, por contradictorio que parezca, la madre es la figura central de la familia, donde todo gira en torno a ella y da sentido a la vida diaria. Por ello no creo que haya un festejo tan sentido y profundo como el Día de las Madres en México. Es casi imposible que una empresa o institución pública no les dé hoy el día libre a las madres, o que los hijos no lleven a comer a su progenitora a algún restaurante, o no le preparen alguna comida muy especial con música de mariachis o algún trio de boleros.

Los floristas tienen dos días para “hacer su agosto”: el Día de las Madres y el Día del Amor y la Amistad. Pero nunca venden tantas flores como hoy. Jamás los restaurantes de todo pelo están tan llenos de comensales como hoy. Jamás.

Los sindicatos tienen en sus pliegos petitorios –infaltablemente– una de las condiciones que no se negocia: el 10 de Mayo las madres no trabajan y cobran su día. Y si los sindicatos son fuertes incluyen en el acuerdo con los patrones un desayuno especial con las madres y hasta un bono económico a cuenta de la empresa o institución.

Pero lo más interesante es que ningún país de habla hispana tiene en la palabra madre una casi infinita reunión de significados que pintan de cuerpo entero a una sociedad contradictoria, compleja e inmensamente rica. A veces “madre” es sujeto, otras adjetivo, y –por extraño que parezca– hasta verbo. Echemos un vistazo a las más simpáticas expresiones populares que incluyen la palabra madre.

A toda madre: es algo magnífico
Valió madres: se echó a perder
Me vale madre: no me importa
¡Qué poca madre tiene!:  ¡qué mala gente es!
Desmadre: relajo, desorden
Ni madres: negación terminante
Es una madre: no vale nada
Estar hasta la madre: estar hasta el copete
Estar de poca madre: estar muy bien
No creer ni madres: ser escéptico
No dar ni madres: no dar nada
¿Qué es esta madre?: ¿qué es esta cosa?
Huele a madres: huele mal
Sabe a madres: sabe mal
Terminemos esta madre: terminemos este asunto
Ir hecho la madre: ir muy rápido
Darse en la madre: accidentarse
Madrearse: golpearse, lastimarse
Partirle la madre: golpearlo
¡Madres!: ¡Vaya! (expresión de sorpresa)
Madral: mucho (por ej.: Tengo un madral de trabajo)
Madriza: golpiza
Madreado: cansado
¡Chinga tu madre!: el peor de los insultos
¡En la madre!: expresión usada cuando uno recuerda algo que no debería haber olvidado.

Bueno, querido lector extranjero, debo hacerle una advertencia que no necesitan los mexicanos, pero la palabra madre hay que usarla con mucho cuidado porque todas las expresiones que escribí son groseras; hasta tal punto que en México decimos “ella es mi mamá” y no “ella es mi madre” para no arriesgarnos a que alguien entienda alguna expresión de la muy vulgar lista que le proporcioné.

Con todo respeto: ¡Feliz Día de las Madres!

sábado, 9 de marzo de 2013

Luis Cubilla, aquel y éste.


Hace un montón grande de años la radio era la gran herramienta de entretenimiento que no tenía competencia con otro medio de difusión a pesar de los primeros escarceos de la televisión en blanco y negro. Escribo de aquellos lejanos años de los inicios de la década de 1960 que con 8 o 9 años de vida me fascinaba escuchar a don Carlos Solé, magnífico narrador de los partidos de fútbol que transmitía Radio Sarandí los sábados y domingos. Por influencia de mi padre me hice hincha de aquel maravilloso Peñarol que –entre otros– formaba con Luis Maidana, William Martínez, Néstor Goncálvez, Aguerre, Borges, Matosas, Pancho Majewski y el legendario Luis Alberto Cubilla.

Solé narraba con mucha emoción las gambetas de Cubilla que se “comía” la pelota y hacía delirar al público. No podía ver esas moñas exquisitas pero me las imaginaba con lujo de detalles y disfrutaba las locuras del “Negro” Cubilla a través de la radio.


“Jugó algunos partidos en reserva, donde deslumbró con sus moñas endiabladas, sus desbordes, su olfato de gol. Cuando subió a Primera no salió más. Fue campeón uruguayo del ‘59, ‘60 y ‘61, campeón de América en el ‘60 y ‘61 y del Mundo en el ‘61, con Peñarol. Hizo goles de todos los colores y en partidos importantes. Luego se fue al Barcelona de España, de allí a River argentino donde fue figura. Restuccia lo fue a buscar cuando formó aquel gran equipo que quería la Libertadores. Fue campeón uruguayo varias veces y finalmente campeón de América y del Mundo en 1971. En su etapa tricolor estaba maduro. Ya no solo era el caprichoso habilidoso que esperaba una y otra vez al marcador para volverlo a eludir, sino el delantero de todo el frente de ataque, colocando pases magistrales para que convirtieran sus compañeros.”  (Fragmento de un artículo de Jorge Pasculli publicado en el diario uruguayo “La República”)

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En 1985 volví a Uruguay del exilio mexicano y todavía relativamente joven me reintegré a la militancia en una de las organizaciones juveniles del Frente Amplio donde nuestra “veteranía” combinaba bien con los jóvenes que salían airosos y combativos de la dictadura cívico-militar. Vivíamos en aquellos años los primeros desencuentros con el gobierno de Sanguinetti que hacía lo imposible por ocultar los interminables crímenes de algunos militares y policías que asolaron el país durante la dictadura. Por ello se organizaban manifestaciones pidiendo Verdad y Justicia para desentrañar las acciones cobardes de quienes amparados en su uniformes y armas habían cometidos múltiples delitos.

Así fue que la Av. Rivera (triste nombre que recuerda al genocida de la población Charrúa), a la altura de Villa Dolores (triste lugar donde se localiza un zoológico que ya no debería existir) fue el escenario de una pequeña manifestación de unos 200 jóvenes que pedíamos terminar con la impunidad de los uniformados.

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En todos esos años fue destacado integrante de la Selección. Su jugada más recordada fue aquella pelota que frente a la URSS robó en la línea en el último minuto del alargue. La robó de atrás, tirándose al piso. La “cuchareó”, la trajo para adentro y enseguida metió el centro para que Espárrago la cambiara de palo. Los uruguayos seguían sorprendiendo al mundo, con jugadores de la audacia indomable de Cubilla.
Todavía le faltaba otro récord. Ser parte del Defensor ‘76 que cambió la historia. (Idem)

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El entusiasmo de los más jóvenes, casi niños, era muy grande y marchaban dando voces y tirando pequeños volantes exigiendo al gobierno colorado que terminara con la complicidad hacia los terroristas de estado. Un par de “veteranos” cerrábamos la marcha que buscaba no entorpecer el tránsito por esa recurrida avenida de Montevideo, aunque sí debían los autos bajar la velocidad para evitar cualquier accidente con los manifestantes.

De pronto un coche al llegar a la manifestación acelera dirigiéndose a los primeros muchachos que rápidamente se hacen a un lado para evitar ser atropellados. Uno de ellos da un manotazo al capó del auto reclamando con un grito la actitud del automovilista. Una sonora frenada pone aún más tensión a ese momento ya de por sí tenso. El conductor del auto se baja intempestivamente con un extintor metálico en la mano, gritando insultos y amenazas. Rápidamente los “veteranos” nos adelantamos a la cabeza de la manifestación para calmar a aquel hombre y evitar cualquier incidente.

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Fue un grande dentro de la cancha. Comenzó siendo un pícaro admirable por sus ocurrencias. Cuando sus energías menguaron terminó siendo un genio, un titiritero capaz de hacer jugar maravillosamente a los que corrían por él. Fue un ganador. Y aunque fue un hombre de familia y amigos, fue un solitario al que le quedó marcada aquella sonrisa desafiante de botija feliz que te invita a quitarle la pelota… (Idem)

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–¡Hijos de puta! ¡Comunistas de mierda! ¡Los voy a reventar! ¡¿Quién me tocó el auto?!
Al acercarme reconozco al exaltado señor. ¡Era Luis Cubilla…! Quizás sólo yo lo podía reconocer porque los muy jovencitos no tenían idea de quién era ese hombre. Aquel admirado jugador de mi niñez y juventud, aquel hombre que tantas alegrías me había dado a mí y a todos los peñarolenses, aquel puntero derecho endiablado que llegó a levantarle los más precisos centros al ecuatoriano Alberto Spencer para que la metiera de cabeza, ahora se había transformado en un energúmeno que quería agredir a aquellos chiquilines.

Con dificultades logramos calmarlo hasta que se subió a su auto y se fue. Seguramente Cubilla no se dio cuenta de mi desencanto, de la frustración que tenía por encontrarme con tamaña estrella del fútbol uruguayo pero ahora fuera de sí. Ya no podría ir con mis viejos amigos de Minas y presumir orgulloso de que había estado con el “Negro” Cubilla. No podía juntar aquella imagen del atleta joven y de pícara sonrisa que los diarios difundían con ésta otra imagen de un gordo petiso hecho una furia que en vez de una pelota de fútbol blandía un extintor.

Descanse en paz aquel formidable futbolista uruguayo.

lunes, 14 de enero de 2013

Charles Darwin pasó por Minas...


Resulta muy interesante leer el diario “Viaje de un naturalista alrededor del mundo” de Charles Darwin por múltiples razones, entre ellas, el punto de vista de un visitante inteligente y curioso de apenas 22 años que nos brinda de primera mano puntos de vista muy agudos y detallados de paisajes, gente, flora y fauna de la campaña (interior) de Uruguay en 1831.

El famoso naturalista inglés, sin estar muy convencido de su vocación de investigador, aceptó una invitación de un capitán inglés para hacer un recorrido por el mundo para medir corrientes oceánicas y cartografiar diversas costas donde él podría hacer investigaciones geológicas y recolectar ejemplares de la flora y fauna de cada lugar. El viaje duró 5 años y recorrió una buena parte del hemisferio sur de acuerdo a lo que indica el plano adjunto.


Así, Darwin se embarcó en el Beagle el 27 de diciembre de 1831 y regresó a Inglaterra el 2 de octubre de 1836, tiempo suficiente para despertar en el joven naturalista el interés en entender las reglas de la evolución de las especies que lo hicieran tan famoso.
Pero vayamos al encuentro de Darwin con las tierras, gente, flora y fauna del Uruguay que con mucho escrúpulo el naturalista fue relatando en su cuaderno de viaje. Estos apuntes corresponden a una visita de una estancia (hacienda) en el Departamento de Maldonado:

“Pasamos la primera noche en una casita de campo aislada. Noto allí bien pronto que poseo dos o tres objetos (y sobre todo una brújula de bolsillo) que producen el más extraordinario asombro. En todas las casas me piden que enseñe la brújula e indique en un mapa la dirección de diferentes ciudades. Produce la más intensa admiración el que yo, un extranjero, pueda indicar el camino (porque camino y dirección son dos voces sinónimas en este país llano), para dirigirse a tal o cual punto donde jamás estuve. En una casa, una mujer joven y enferma en cama, hace que me rueguen ir a enseñarla la famosa brújula. Si grande es su sorpresa, aún es mayor la mía al ver tanta ignorancia entre gentes dueñas de miles de cabezas de ganado y de estancias de grandísima extensión. Sólo puede explicarse esta ignorancia por la escasez de visitas de forasteros en este remoto rincón. Me preguntan si es la tierra o el sol quien se mueve, si en el norte hace más calor o más frío, dónde está España y otra multitud de cosas por el estilo. Casi todos los habitantes tienen una vaga idea de que Inglaterra, Londres y América del Norte son tres nombres diferentes de un mismo lugar; los más instruidos saben que Londres y la América del Norte son países separados, aunque muy cerca uno de otro, y que Inglaterra ¡es una gran ciudad que está en Londres!”

Charles Darwin a los 22 años.

Es evidente que los estancieros uruguayos de aquella época no se destacaban por sus conocimientos ni cultura (¿ahora sí?) pero sigamos porque el joven Charles siguió a caballo hasta Minas, capital del departamento de Lavalleja, donde a los serranos no nos fue mejor:

“Al día siguiente llegamos al pueblecillo de Las Minas. Algunos cerros más, pero en resumen el país conserva el mismo aspecto; sin embargo, un habitante de las Pampas vería de seguro en él una región alpestre. La comarca está tan poco habitada, que apenas encontramos una sola persona durante un día entero de viaje. El pueblo de Las Minas aún es menos importante que Maldonado; está en una pequeña llanura rodeada de cerrillos pedregosos muy bajos. Tiene la forma simétrica de costumbre, y no deja de presentar un aspecto bastante bonito con su iglesia enlucida con cal y sita en el centro mismo del pueblo. Las casas de los arrabales se elevan en el llano como otros tantos seres aislados, sin jardines, sin patios de ninguna especie. Es la moda del país; pero eso da, en último término, a todas las casas una apariencia poco cómoda. Pasamos la noche en una pulpería o taberna. Gran número de gauchos acuden por la noche a beber alcohol y a fumar cigarros. Su aspecto es muy chocante: suelen ser fornidos y guapos, pero llevan impresos en la cara todos los signos del orgullo y de la vida relajada; muchos de ellos gastan bigote y cabellos muy largos, ensortijados por la espalda. Sus vestidos, de colores chillones; sus grandísimas espuelas resonantes, en los talones; sus cuchillos, llevados en el cinto a modo de dagas (de los cuales hacen tan frecuente uso), les dan un aspecto muy diferente de lo que pudiera hacer suponer su nombre de gauchos o simples campesinos. Son en extremo corteses; nunca beben sin pediros que probéis su bebida; pero mientras os hacen un saludo gracioso, puede decirse que están dispuestos a asesinaros si se presenta ocasión.”

"Boleando ñanduces"

Esta primera descripción de mis coterráneos en 1831 no deja de ser interesante y podríamos resumirla –con un poco de humor– en tres palabras: “asesinos pero corteses…
Al día siguiente Darwin y sus acompañantes avanzan en territorio minuano y llegan hasta la estancia (hacienda) de un rico criador de ganado, don Juan Fuentes. Al llegar, le llama la atención a Darwin la formalidad que se debe seguir cuando se arriba a una casa en el campo:

“Cuando un forastero se acerca a una casa, hay que guardar algunas ceremonias de etiqueta. Se pone al paso el caballo, se recita un Ave María, y no es cortés echar pie a tierra antes de que alguien salga de la casa y os diga que os apeéis; la respuesta estereotipada del propietario es: Sin pecado concebida. Se entra en la casa entonces, y se habla de generalidades durante algunos minutos; luego se pide hospitalidad para aquella noche, lo cual se concede siempre, por supuesto. El forastero come con la familia y le dan un aposento, donde hace la cama con las mantas de su recado (o silla de las Pampas).”

Esta costumbre de gritar “¡Ave María purísima!” (que no recitar todo un Ave María) y esperar –si se es bien recibido– la respuesta “¡Sin pecado concebida!” se mantiene aún en algunos lugares de nuestra campaña aunque va cayendo en desuso.
Al final del párrafo, el joven Darwin hace mención al “recado”, en clara referencia a esta particular silla de montar el caballo que reúne sustanciales diferencias con otras sillas de otros países. Sugiero ver la siguiente ilustración que muestra el “recado” y sus partes.



Se asombra Darwin que el estanciero Juan Fuentes se muestre hospitalario con todas las personas que, sin conocerlas, acoge amablemente al punto de que manda matar unas reses para agasajarlas. Esta hospitalidad es propia de todo el campo latinoamericano sin distinción de posición social, situación que hemos confirmado al ver el esfuerzo que gente de escasos recursos hace por atender al forastero recién llegado.

“Después de haber sido testigo de la grosera riqueza indicada por un número tan grande de hombres, vacas y caballos, casi es un espectáculo el mirar la miserable casucha de don Juan. El piso se compone sencillamente de barro endurecido y las ventanas no tienen vidrieras; los muebles de la sala consisten en algunas sillas muy ordinarias, algunos taburetes y dos mesas, Aunque hay muchos forasteros, la comida sólo se compone de dos platos (inmensos en verdad), conteniendo el uno vaca asada, el otro vaca cocida y algunos trozos de calabaza; no se sirve ninguna otra hortaliza y ni siquiera un pedazo de pan. Una jarra grande de barro cocido, llena de agua, sirve de vaso a toda la compañía. Y, sin embargo, este hombre es dueño de varias millas cuadradas de terreno, cuya casi totalidad puede producir trigo y con un poco de cuidado todas las legumbres usuales. Se pasa la velada en fumar y se improvisa un pequeño concierto vocal con acompañamiento de guitarra. Las señoritas, sentadas todas juntas en un rincón de la sala, no comen con los hombres.”


Comentemos que seguramente este “concierto vocal” estuvo compuesto de canciones verdaderamente folklóricas de la Banda Oriental (parte del espacio geográfico que hoy ocupa Uruguay y que se ubica al oriente del río del mismo nombre): Tristes, Estilos, Milongas, Cifras, Cielitos, Huellas y algunos más.

No deja de ser interesante la descripción que hace Darwin de las famosas “boleadoras”, instrumento de caza usado por los indígenas de la región para capturar los ñandúes (avestruces americanas)  y que definitivamente han dejado de usarse. Hoy sólo las vemos –degradadas ellas– en algunas coreografías de danzas muy edulcoradas y por lo tanto ajenas al folklor rioplatense.

Hay dos especies de bolas: las más sencillas, que se emplean para cazar avestruces, consisten en dos piedras redondas, cubiertas de cuero y reunidas por una tenue cuerda trenzada, como de unos ocho pies de longitud; la otra especie sólo difiere de ésta en que consta de tres pelotas reunidas por una cuerda a un centro común. El gaucho tiene en la mano la más pequeña de las tres y hace girar las otras dos en derredor de la cabeza; luego de hacer puntería las arroja, y las bolas van a través del aire girando sobre sí mismas como balas de cañón enramadas. En cuanto las bolas dan contra cualquier objeto, se enroscan cruzándose en derredor de él y se anudan con fuerza.”

Es curioso destacar que el antiguo uso de las boleadoras (hasta como instrumento de agresión entre los mismos gauchos) marcó el lenguaje de los uruguayos con expresiones como “ando boleado” o “me bolié” para decir que se está perdido o confundido. Estos términos hacen referencia a lo que les pasa a los avestruces, caballos o vacas que al enredarse las patas con las boleadoras pierden el paso y caen violentamente, perdiendo la orientación por el golpe que se dan.
Después de un largo periplo por Argentina, Charles Darwin regresa a Uruguay y rumbo al actual Departamento de San José fue testigo de la habilidad de los gauchos para cruzar un río con su caballo y así nos expresa en su diario el asombro que le produjo.

“En aquel día un gaucho me dio un regocijado espectáculo por la destreza con que obligó a un caballo repropiado a atravesar un río a nado. El gaucho se desnudó por completo, montó a caballo y obligó a éste a entrar en el agua hasta perder pie; dejóse escurrir entonces por la grupa y le agarró la cola; cada vez que el animal volvía la cabeza, el gaucho le arrojaba agua para asustarle. En cuanto el caballo llegó a la margen opuesta, irguióse de nuevo en la silla el gaucho e iba montado con firmeza, bridas en mano, antes de haber salido por completo del río. Bello espectáculo es ver a un hombre desnudo jinete sobre un caballo en pelo: nunca hubiera creído que ambos animales fuesen tan bien juntos. La cola del caballo constituye un apéndice muy útil: he atravesado un río en barca acompañado por cuatro personas, arrastrada de la misma manera que el gaucho de que acabo de hablar. Cuando un hombre a caballo tiene que cruzar un río ancho, el mejor medio consiste en agarrar la pera de la silla o la crin del caballo con una mano y nadar con la otra.”



Charles Darwin también llegó hasta Mercedes, la capital del Departamento de Soriano, muy próximo al encuentro de los ríos Uruguay y Negro. Allí visitó una estancia de un hacendado inglés sobre las costas del arroyo Bequeló y tuvo oportunidad de observar con detención una acción muy particular: el adiestramiento de perros pastores. Veamos las observaciones del naturalista inglés.

“Durante mi residencia en esa estancia estudié con cuidado los perros de pastor del país, y este estudio me interesó mucho. Encuéntrase a menudo, a la distancia de una o dos millas de todo hombre o de toda casa, un gran rebaño de carneros guardado por uno o dos perros. ¿Cómo puede establecerse una amistad más firme? Esto era motivo de asombro para mí. El modo de educarlos consiste en separar al cachorro de su madre y acostumbrarle a la sociedad de sus futuros compañeros. Se le lleva una oveja para hacerle mamar tres o cuatro veces diarias; se le hace acostarse en una cama guarnecida de pieles de carnero; se le separa en absoluto de los demás perros. Aparte de eso, se le suele castrar cuando aún es joven; de suerte que cuando se hace grande, ya no puede tener gustos comunes con los de su especie. Por lo tanto, no le queda deseo ninguno de abandonar el rebaño; y así como el perro ordinario se apresura a defender a su amo, el hombre, de la misma manera éste defiende a los carneros.”

Líneas más adelante concluye Darwin:

“El perro de pastor acude todos los días a la granja en busca de carne para su comida; en cuanto le dan su ración huye, como si tuviese vergüenza del paso que acaba de dar. Los perros de la casa se le muestran muy hostiles, y el más pequeño de ellos no vacila en atacarle y perseguirle. Pero, en cuanto el perro de pastor se encuentra ya junto a su rebaño, vuélvese y comienza a ladrar; entonces, todos los perros que antes le perseguían huyen a todo correr. Asimismo, una banda entera de perros salvajes hambrientos rara vez, y hasta se me ha dicho que nunca, se atreven a atacar a un rebaño guardado por uno de esos fieles pastores. Todo esto me parece un curioso ejemplo de la flexibilidad de los afectos en el perro. Ya sea salvaje, ya educado de cualquier modo que lo estuviere, conserva un sentimiento de respeto o de temor hacia quienes obedecen a su instinto de asociación. En efecto, no podemos comprender por qué los perros salvajes retroceden ante un solo perro acompañado de su rebaño, sino admitiendo en ellos una especie de idea confusa de que quien va con tanta compañía adquiere cierto poderío, como si le acompañasen otros individuos de su especie.”


Concluyo este artículo con un juicio que el naturalista inglés, Charles Darwin, hace de ese personaje emblemático llamado gaucho y que con el correr del tiempo no escapó a cambios en su naturaleza hasta llegar a lo que hoy es nuestro hombre de campo rioplatense.  Sin duda quedan firmes trazos y conductas del aquel gaucho, que Darwin conoció en 1831, en los trabajadores rurales actuales (troperos, domadores, alambradores, chacreros, monteadores, tamberos y demás oficios de los habitantes del campo), pero no sería justo dejar de reconocer que el tiempo ha cambiado profundamente la esencia libertaria de aquel personaje.

“Los gauchos o campesinos son muy superiores a los habitantes de la ciudad. Invariablemente, el gaucho es muy servicial, muy cortés, muy hospitalario; nunca he visto un ejemplo de grosería o de inhospitalidad. Lleno de modestia cuando habla de sí mismo o de su país, al mismo tiempo es atrevido y valiente.”

Pintura del uruguayo Juan Manuel Blanes

sábado, 5 de enero de 2013

De pesca en el Cebollatí


Artículo escrito para una publicación de
uruguayos en México hace más de 15 años.

            Tome usted la ruta 8 que une Minas con Treinta y Tres y saliendo de la ciudad serrana pasará por un curioso lugar que se llama El Penitente (unas rocas en un cerro tienen la forma de una persona arrodillada rezando), luego aparece un hermoso lugar de descanso: Villa Serrana. Más adelante la carretera se bifurca y usted debe tomar la de la izquierda hacia Mariscala, pequeña villa tirada entre los pastos. Pasando este lugar viene la recta final: una carretera trazada con regla que sube y baja las suaves ondulaciones del terreno (cuchillas). Unos kilómetros después se ve a lo lejos y a la derecha Poblado Colón, tan pequeño y olvidado que ni a villa llega, y finalmente aparece el río Cebollatí que atraviesa la ruta 8.


El pueblo Mariscala.
         
              A la derecha del puente, a unas tres cuadras y en medio del monte criollo que bordea el río hay un claro que tiene huellas de anteriores campamentos. Ese es el lugar indicado para instalarse. Frondosos molles, enormes talas y coronillas forman grandes espacios de sombra muy adecuados para acampar.
            A los pocos minutos de llegar la “invasión del campo” ya se deja sentir. Aparecen los primeros tábanos, esos insectos de mayor tamaño que una mosca y que clavan eficazmente su aguijón para extraer la sangre del que se deje. Ya pasan de las diez de la mañana y comienza el concierto de las chicharras, el escándalo de los horneros, los últimos gritos de los benteveos (ellos empiezan temprano por la mañana y reanudan por la tarde), los brincos de los pequeños saltamontes (langostas) y los graciosos vuelos irregulares de las mariposas blancas.


Río Cebollatí
            
             Al mediodía es el mejor momento para la pesca de los niños. Cañitas tacuaras de 2 m con un pequeñísimo anzuelo mosquita, una diminuta boya (flotador) y un pedacito de lombriz complementa el delicado equipo.
            Con la propia línea se golpea el agua para atraer las mojarritas que una vez pescadas serán la carnada de peces mayores. Rápidamente los niños tienen un buen montón de mojarras, esas flechitas de plata de no más de 9 cm. A esa hora pocos predadores andan en el agua, algún dientudo1 perdido corretea una mojarrita. Quien anda activo es el Martín Pescador, ave que desde una rama atisba atentamente cuanto movimiento ocurre en la superficie del agua, esperando que una mojarrita se descuide y ¡zas! se zambulle espectacularmente para atraparla con su fuerte pico.
            Poco a poco comienza a caer la tarde. Los primeros avisos sonoros los da el crespó-crespó2 de la pava de monte, siempre lejana y arisca que parece desafiar a los tenaces cazadores. La simpática gallineta se anima a esta hora a dejar el monte e ir a abrevar al río, con cada paso mueve su corta y erguida cola; camina rápido luciendo sus colores pardos y corto pico amarillo. Los benteveos llaman a gritos a su pareja aprontándose para pasar la noche. Y de pronto el Cebollatí parece tomar vida. Con los últimos rayos de sol el espejo del río se rompe en mil círculos con los coletazos furiosos de los dientudos que persiguen a las últimas mojarras del día antes de irse a descansar. Coinciden con ellos las reinas del río: las tarariras que empiezan su jornada de predación. Parece un concierto infernal de coletazos, persecuciones y escapes. El agua hierve durante unos 30 minutos hasta que poco a poco se calma y comienza a llegar la noche junto con los implacables mosquitos.


Parte angosta del río.

         Este fenómeno de verdadera cacería en el agua se repite exactamente al amanecer. ¿Quién concierta estas fuerzas? ¿Es la proximidad de la noche y del día según el caso? ¿Es el hambre de los que vienen y de los que se van? ¿Quién lo sabe?
            Mientras tanto en el monte se apagan los cantos de los pájaros. Ya no se oyen los cardenales rojos, amarillos o azules, ni los gargantillos, ni los músicos. Apenas quedan los últimos cantos del zorzal y los trinos tan nostálgicos y tristes de los chingolos.
            Es la hora de dos aves que se apoderan de la noche: el urutaú  y el dormilón. El urutaú (palabra guaraní para designar a una especie de lechuza) comienza la cacería de pequeños roedores gracias a su finísimo oído y a su aguda vista. El dormilón, una de las tantas variedades de los guácharos o chotacabras, basa su técnica de caza de insectos en un sistema de sonar. Igual que los murciélagos emiten un sonido inaudible para nosotros pero que rebota en los objetos y al recibirlo, el ave tiene un perfecto panorama del ambiente.
            El río se transforma en la noche. Con la obscuridad crece el silencio y el misterio. Las aguas parecen más densas y ya no se ven los círculos que la rompen pero se oyen claramente los coletazos violentos de las tarariras alimentándose de mojarras o de algún cabeza amarga3 . El monte impone respeto. Las sombras de la noche lo hacen más tupido e impenetrable.
El río Cebollatí al atardecer.

            Ahora se debe hablar en voz baja para no espantar a los bagres y tarariras que se acercan a los aparejos de chaura y a las cañas tacuara respectivamente.
De pronto una boya gorda y blanca empieza a moverse con pequeños hundimientos. La tenue luz del farol a mantilla la delata. Sin hacer ruido se toma la caña que descansaba sobre una horqueta de palo. Se tensan los nervios y se clava la vista en la boya que ahora se mueve rápidamente hacia un costado. Este momento de gran emoción es una silenciosa lucha entre los nervios que quieren levantar la caña y la experiencia que indica no apurarse y esperar a que el pez trague completamente la carnada. ¿Cuánto esperar? No mucho, porque si la tararira encuentra con sus dientes el anzuelo soltará la carnada. Seguramente quien no es pescador no podrá entender lo que encierran esos escasos segundos donde la adrenalina invade nuestro cuerpo y se desborda la pasión. La caña parece no pesar, las manos se humedecen, las piernas tiemblan de emoción y nada existe en el mundo más que esa boya que de pronto se hunde en las aguas negras del río. Ahora sí estalla el volcán contenido. Con la suficiente fuerza para que el anzuelo se clave en la boca de la tararira se da un fuerte tirón a la caña. No se debe pasar de entusiasmo en el jalón porque se rompe la tacuara y se pierde todo. El pez no se rinde y lucha tenazmente por mantenerse en el agua. Se oyen los coletazos y la caña se dobla hasta el límite. No se puede aflojar la tensión de la línea. El pescador intuye hasta donde aguanta la tacuara y dosifica las fuerzas. Se cansa la formidable reina del río y aparece su cuerpo que no deja de sacudirse. Se deposita el triunfo sobre los pastos y termina la lucha.
Tarariras en los pastos...

Claro que esta tararira no era tan grande como el bagre que Don Juan De Brun Carvajal pescó aquí mismo en este río. Contaba este pícaro minuano que pescando sin farol y sin luna empezó a revolear el aparejo para tirarlo muy lejos. El río tiene 120 metros de ancho, distancia inalcanzable para un buen lanzamiento que nunca excede de 50, pero el entusiasmo era grande. Cae el aparejo y siente Don Juan un pique tremendo. No duda y pega el tirón con todas las fuerzas disponibles porque aquí no hay caña que se rompa, es la pura chaura, ese hilo de algodón trenzado que aguanta cualquier bicho. El bagre es pesado y luchador. No se entrega. Don Juan recoge con entusiasmo y trata de ver el tamaño pero está muy oscuro. Se oyen los coletazos nada más. Parecería que el bagre trata de ganar la otra orilla, pero Don Juan no es primerizo y no le afloja un tranco de pollo. Ahi lo trae ya. Le grita al petizo Ramírez que traiga una linterna para alumbrar al bagre en el momento de subirlo por la barranca.
– ¡Dale petizo, alumbrame acá!
Don Juan interrumpe el relato y mira las caras de expectación de los oyentes que fascinados esperan la conclusión.
–¡¿Qué creen? Cuando el petizo Ramírez alumbra para abajo en la barranca veo que traigo enredado de una pata al “Negro” Eulalio agarrado de unos camalotes! ¡Estaba pescando del otro lado del río…!
Cédar Viglietti
Don Juan de Brun con su esposa EmiliaDon Juan De Brun con su esposa Emilia.




1 Pez plateado y esbelto con grandes dientes que no sirve para comer por tener muchas espinas. Abunda en todos los arroyos y ríos de Uruguay.
2 Estas palabras parece decir con su canto esta ave de negro plumaje y copete rojo. Tiene casi el tamaño de una gallina (más estilizada y con larga cola).
3 Pez de color casi negro que cuando es pequeño (no más de 10 cm) resulta muy atractivo como carnada.

miércoles, 19 de diciembre de 2012





Estimados lectores:
vaya un agradecimiento sincero por la lectura paciente y generosa de este blog, a la vez que les deseo muchas felicidades en estas fiestas decembrinas y un año 2013 pleno de trabajo, salud y alegría. Reciban un fuerte abrazo.  Cédar Viglietti.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

SANTA CECILIA Y EL DÍA DE LA MÚSICA


Santa Cecilia, con el ángel y el láud

Cecilia tocando el laúd acompañada por un ángel.

Historia verdadera con un poquito de humor.

Los músicos festejamos el 22 de noviembre el Día de la Música ya que la Iglesia Católica y la Ortodoxa celebran a Santa Cecilia que ha quedado en el calendario cristiano como Patrona de la Música.
Cecilia fue una joven romana de confusísima historia que en realidad nada tuvo que ver con la música y que vivió –aparentemente– entre los años 180 y 230 después de Cristo. Cuanto más se intenta investigar sobre la vida de esta joven más confusa se hace su historia al extremo de que se puede dudar de su existencia. Por una parte se habla de una tal Cecilia martirizada y muerta en la isla de Sicilia, muy al sur para ser tomada en cuenta; también se habla de una Cecilia africana pero como se corre el riesgo de que haya sido negra y eso a la iglesia no le gusta… mejor abandonemos estas pistas y vayamos a otras más al norte.

Dos versiones contradictorias y sin mayor documentación concurren para hablarnos de esta romana que vivió –siempre aparentemente– en los tiempos del emperador Marco Aurelio. Una versión sencilla y de bajo perfil nos cuenta que Cecilia, muchacha de un barrio romano, se había enamorado de un joven de nombre Valeriano y estaba lista para casarse con él. Pero hete aquí que Valeriano tenía un hermano de nombre Tiburcio, enamorado también de Cecilia y que no estaba dispuesto a consentir el matrimonio de la joven, por lo que en un ataque severo de celos mata a la muchacha romana para evitar su casamiento. No es difícil imaginar que luego de cometido el crimen Valeriano se enfrentara a su propio hermano y terminaran ambos muertos cerrándose así una más de tantas tragedias amorosas muy de los italianos... perdón… romanos.
Santa Cecilia con viola da gamba
Cecilia ahora con una viola da gamba.

Hay otra versión, ésta mucho más noble y donde se asoma la mano de la Iglesia Católica que rápidamente retoca algunos detalles y compone una fea situación mundana en una historia de buena progenie de la cual nadie se puede avergonzar. Claro, esta nueva y digna historia no se hace de la noche a la mañana. No, no, no. La Iglesia necesitó más de 300 años para pulir el guión y así en el año 480 –aproximadamente– saca a luz un texto titulado “Actas de santa Cecilia” donde se aclara cualquier tipo de dudas y aparece con todo su brillo la nobleza de la joven romana que los músicos reclamábamos. Para mejor disfrute de este santo guión copio y pego de Wikipedia un par de párrafos de las referidas actas que no tienen desperdicio:

Según este texto, Cecilia había sido una virgen de una familia senatorial romana de los Metelos, que se había convertido al cristianismo desde su infancia. Sus padres la dieron en matrimonio a un noble joven pagano, Valerius («Valeriano»). Cuando, tras la celebración del matrimonio, la pareja se había retirado a la cámara nupcial, Cecilia dijo a Valeriano que ella había entregado su virginidad a Dios y que un ángel celosamente guardaba su cuerpo; por consiguiente, Valeriano debía tener el cuidado de no violar su virginidad. Valeriano pidió ver al ángel, después de lo cual Cecilia lo envió junto a la tercera piedra miliaria de la vía Apia, donde debía encontrarse con el papa Urbano I. El diálogo, según la tradición, transcurrió así:
Cecilia: Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio, si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí.
Valeriano: Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides.
Cecilia: Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo, verás al ángel.
Valeriano obedeció y fue al encuentro de Urbano, el papa lo bautizó y Valeriano regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó como esposos con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue convertido al cristianismo y a partir de entonces vivió con ellos en la misma casa, en completa pureza.

Ay, amigos lectores, les juro que hago un esfuerzo para no comentar nada de este trío tan virtuoso.

Cecilia con un laúd teorbe

Pero sigamos porque la historia de la Iglesia católica no termina aquí sino que continúa con la persecución, martirio y muerte de estos tres tristes muchachos a cargo del prefecto Turcio Almaquio. Nuevamente retomo a Wikipedia que a su vez retoma otra parte de las “Actas de santa Cecilia”, para no perdernos detalles porque se viene un climax de violencia y crueldad que ninguna película de terror de hoy lograría igualar:

El prefecto Turcio Almaquio condenó a ambos hermanos a la muerte. El funcionario del prefecto, Máximo, fue designado para ejecutar la sentencia. Pero se convirtió al cristianismo y sufrió el martirio con los dos hermanos. Cecilia enterró sus restos en una tumba cristiana. Luego la propia Cecilia fue buscada por los funcionarios del prefecto. Fue condenada a morir ahogada en el baño de su propia casa. Como sobrevivió, la pusieron en un recipiente con agua hirviendo, pero también permaneció ilesa en el ardiente cuarto. Por eso el prefecto decidió que la decapitaran allí mismo. El ejecutor dejó caer su espada tres veces pero no pudo separar la cabeza del tronco. Huyó, dejando a la virgen bañada en su propia sangre. Cecilia vivió tres días más, dio limosnas a los pobres y dispuso que después de su muerte su casa debía dedicarse como templo. El papa Urbano I la enterró en la catacumba del papa Calixto I (155-222), donde se sepultaban los obispos y los confesores.
La Enciclopedia Católica señala que el relato en sí no tiene valor histórico; es un romance pío, como tantos otros recopilados en los siglos V y VI. En cambio, la existencia de los tres mártires mencionados es un hecho histórico.
Bueno, amigos músicos, quedémonos tranquilos porque la Enciclopedia Católica nos asegura que la existencia de los tres mártires es un hecho histórico y consolémonos que Cecilia no era de esas muchachas que perdían la cabeza así nomás y que a pesar de la terrible situación tuvo el tino de dar limosna a los pobres…

Ejecución de Santa Cecilia
Ejecución de Cecilia.

¿Y la música dónde queda?

Ah, bueno… la música se deriva de un perdonable error de traducción de esas famosas “Actas de santa Cecilia” donde en un momento se habla de que Cecilia, en pleno sufrimiento de su martirio, le cantaba a Dios con un “instrumento”. Un traductor piadoso y quizá músico creyó ver en el texto original en latín a un órgano, ese bello instrumento musical de teclado, cuando en realidad se trataba de un “instrumento de tortura” a la que era sometida la joven romana.

Pero bueno… los músicos no somos muy exigentes y nos acomodamos a lo que hay, que no es tan malo, no vaya a ser que nos cambien de patrona y terminemos con otra que nos salga peor. Además, de estos hechos relatados en las “Actas de santa Cecilia” pasaron más de mil años hasta que el papa Gregorio XIII, en el año 1594, la canonizó y le dio oficialmente el nombramiento, por «haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de la música». A ver señores: ¿quién se atreve a cambiar estas palabras de aquel preclaro santo padre? Nadie, ¿verdad? Así que hoy, 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, festejamos el Día de la Música y sanseacabó.